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P. rafael braun, 4ta conferencia

El desarrollo de las personas como herramienta de gestión Las reflexiones que deseo proponerles toman en cuenta el valioso contenido del documento publicado por UNIAPAC: “La rentabilidad de los valores. Una vision cristiana de la Responsabilidad Social Empresarial.” Puesto que “estrictamente hablando, la “Responsabilidad” puede ser solamente aplicada a las personas, y no a cualquier estructura o comunidad, dado que una institución, estructura o sociedad no son quienes ejecutan los actos morales” (p.54), la responsabilidad personal del dirigente reviste una importancia primordial, ya que “todos sabemos que la cultura interna, la calidad general de las relaciones interpersonales dentro de una empresa, su capacidad para cumplir con los principios escritos o no, se encuentran directamente vinculados a las actitudes y ejemplos de sus dirigentes”. Por ello voy a dirigirme a Si el espíritu emprendedor está en la base de cualquier empresa, puede decirse también que el deseo es el motor del espíritu emprendedor. Desde muy pequeños estamos cargados de deseos. Y aunque un deseo particular puede eventualmente ser satisfecho, inmediatamente otro deseo surge conduciéndonos a la insatisfacción. El deseo siempre es más fuerte que la satisfacción. Cuando decidimos emprender una acción, o una sucesión de acciones, el deseo se transforma en voluntad. El deseo no disciplinado es causa de desintegración de la personalidad, como lo ilustran las diferentes adicciones; pero la falta de deseo nos transforma en abúlicos y deprimidos. Una buena educación, algo tan difícil de obtener, no reprime el deseo sino que canaliza este fuego sagrado en energía creadora pasándolo por la mediación de la inteligencia y la voluntad. Lo característico de este fuego es la capacidad de superar el obstáculo, de trascenderlo. Si ese fuego es sagrado es porque participa del poder creador que Dios le entregó a su criatura, Dios está entonces en el origen y en el término de este deseo primordial. Como decía Agustín, “nos has hecho para ti, Señor, y nuestros corazones están inquietos hasta que descansen en ti”. Por eso cuanto más cerca estemos de Dios, más espíritu Como cristiano encuentro ese fin en una categoría con la cual comienza Jesús su predicación. “El tiempo se ha cumplido: el Reino de Dios está cerca. Conviértanse y crean en la Buena Noticia”(Mc.1,15). Cómo entender este reino de Dios de un modo no fundamentalista es algo que la Iglesia no siempre ha hecho acertadamente. Pero podemos decir en una apretada síntesis que Jesús instaura el Reino, que entre su Ascensión y su vuelta el reino crece en el tiempo de la Iglesia, y que sólo se consumará cuando regrese marcando el final de los tiempos. El Concilio Vaticano II lo expresa de esta manera: “aunque hay que distinguir cuidadosamente progreso temporal y crecimiento del reino de Cristo, sin embargo, el primero, en cuanto puede contribuir a ordenar mejor la sociedad humana, interesa en gran medida al reino de Dios. Pues los bienes de la dignidad humana, la unión fraterna y la libertad; en una palabra, todos los frutos excelentes de la naturaleza y de nuestro esfuerzo, después de haberlos propagado por la tierra en el Espíritu del Señor y de acuerdo con su mandato, volveremos a encontrarlos limpios de toda mancha, iluminados y transfigurados, cuando Cristo entregue al Padre el reino eterno y universal; “reino de verdad y de vida; reino de santidad y gracia; reino de justicia, de amor y de paz”. El reino está ya misteriosamente presente en nuestra tierra; cuando venga el Señor, se consumará su Nuestros emprendimientos son imperfectos, pero no inútiles. Son esbozos, bosquejos suficientemente evocadores de la realidad del reino que pueden ser recuperados, iluminados y transfigurados en la consumación final. Del mismo modo que el cristiano sabe que en el plano personal todo acto de amor será transfigurado, también debería saber que su tarea co-creadora tiene el mismo destino. Preguntábamos: emprender, ¿para qué? Puedo ahora responder: para contribuir a esbozar en el tiempo el reino de Dios que será consumado sólo a la vuelta ¿De dónde se nutre el espíritu emprendedor en la vida de un cristiano? ¿Cuál es la fuente que alimenta responsablemente el emprender? En mi experiencia, la primera fuente es la contemplación de la vida de Jesús, en particular su muerte y resurrección. En términos puramente humanos es difícil decir que fue exitoso durante su vida pública. Tuvo, ciertamente, seguidores, pero también muchos enemigos. No le fue fácil cumplir su misión de ser testigo de la verdad, portador de la buena noticia del amor misericordioso del Padre, dador de vida. A sus discípulos no les propuso un camino fácil ni les prometió el éxito. Les pidió que renunciaran a sí mismos y tomaran su cruz, que no buscaran los primeros puestos sino los últimos y que se hicieran los servidores de los demás. Lo hizo él mismo, y murió Pero Dios lo resucitó de entre los muertos. Contemplar la vida de Cristo es contemplar su misterio pascual de muerte, resurrección y ascensión para ser constituido Señor de la historia y de su Iglesia. Nosotros hemos sido bautizados en ese misterio pascual, y hemos sido también constituidos señores para servir y entregar nuestra vida. La dinámica del “volver a la vida”, del triunfo de la vida sobre la muerte, es una experiencia apasionante que se repite una y otra vez a lo largo de nuestra existencia. Si le perdemos el miedo a la muerte, ¿por qué vamos a temer fracasar en un Una segunda fuente crucial del espíritu emprendedor es la acción del Espíritu Santo en nuestros corazones. Jesús la comparó con un manantial de agua viva. Contemplar un manantial es una experiencia apasionante, porque el agua límpida y fresca corre sin descanso. Cuando el sediento llega a esa fuente se retira saciado. Es lo que ocurre en la oración. Lo mismo que el uso del celular nos obliga cada tanto a recargar las baterías, el cristiano que se acerca con un corazón abierto al encuentro con Dios en la oración sale con el corazón encendido y renovado, dispuesto a continuar construyendo el reino sabiendo que uno es el que ara, otro el que siembra, otro el que riega, pero que es Dios quien da el crecimiento. No es casualidad que los místicos hayan sido grandes hombres y mujeres de acción. Para vivir en serio el misterio de la co-creación es necesario conectarse con la fuente del deseo, el manantial de agua viva, pero también aceptar que los deseos necesitan ser mediados por la razón y la voluntad para no pasar a ser deseos locos o veleidades. Esas mediaciones exigen mucho entrenamiento tanto intelectual como moral, pues sólo el que persevera merece ser llamado un emprendedor. Hablar de la santidad es fácil; vivir sus exigencias es difícil. Ser asesor es fácil; emprender es difícil. El espíritu emprendedor no se mide por la originalidad de los proyectos sino por la Como cristianos, estamos llamados a desear vivir la santidad. Pero acabo de decir que los deseos deben ser mediados por la razón y la voluntad, y que esas mediaciones exigen mucho entrenamiento tanto intelectual como moral. ¿Por qué? Porque el ser humano es un ser multidimensional, y la espiritualidad cristiana está El ser humano es temporal, vive en el tiempo: nacemos, somos niños, pasamos a la adolescencia, a la juventud, maduramos, nos hacemos adultos, y después envejecemos hasta que morimos, si todo sigue el ciclo normal. El hombre vive en el tiempo. No vive en un instante; vive en un cambio continuo. Por eso somos una historia personal. Y esa historia muchas veces condiciona nuestro presente, y a menudo Pero el cristiano tiene además una historia del encuentro con Dios, una historia de salvación. Toda la Biblia es la narración de la historia del encuentro de Dios con el hombre. Dios nunca abandona al hombre. Cuando el hombre perdió su amistad y se alejó, Dios salió a su encuentro: hizo alianza con Abraham, habló por los profetas; habló de muchas formas, como dice la Carta a los Hebreos, hasta que finalmente habló por su Hijo. Una espiritualidad cristiana es una respuesta a la invitación de Jesús: "Sean perfectos como vuestro Padre celestial es perfecto". Es un llamado a la santidad. Todos los cristianos hemos sido consagrados por el bautismo para ser santos en la presencia de Dios, pero necesitamos proponer una espiritualidad personalizada de crecimiento. Cada uno de nosotros es distinto, tenemos edades diferentes, tenemos historias personales de vida diferentes, y también historias de salvación diferentes. Por eso tomar esta dimensión histórica del hombre es esencial: no puedo presentar una espiritualidad idéntica para todo el mundo. La espiritualidad es como un guante; Dios viene a tomar al hombre donde está. Sale a encontrarlo, y nosotros como Iglesia El hombre es también un ser social. Dios no nos llamó separadamente a la salvación y a la santidad, sino formando parte de un pueblo, la Iglesia. Una espiritualidad cristiana, por lo tanto, fundada en el misterio de la Encarnación, toma en cuenta las diversas relaciones sociales en que está inmerso el hombre. Jesús estaba inmerso en una trama de relaciones sociales. Pagaba los impuestos, vivía según las costumbres y la ley de Israel, se hizo famoso en una comunidad humana concreta. ¿Cuáles son esas relaciones sociales por las cuales nosotros tenemos que empezar a vivir nuestra espiritualidad? ¿Y que no podemos ni queremos pasar por alto? La primera es la familia. Sabemos hoy cuánto los cinco primeros años de vida han marcado nuestra existencia de adultos. Las relaciones familiares presentes, la vida matrimonial, la relación de padres e hijos, la vida de hermanos, la familia ampliada, Pero ustedes, dirigentes de empresa, saben cuánto compite el tiempo interior y exterior dedicado al trabajo con el que reclama una vida familiar sana. Es fácil declamar que trabajamos para vivir, y no vivimos para trabajar, pero en la realidad mantener un equilibrio entre la vida afectiva y la vida activa fundada en el pensamiento y la voluntad es uno de los desafíos fundamentales que debe enfrentar un dirigente de empresa que Un dirigente de empresa es un dirigente social. Su responsabilidad no se agota en la vida económica. Sus talentos y su capacidad de liderazgo también son reclamados en la sociedad civil, en la Iglesia, en el campo político. Dice Jesús: “Al que se le dio mucho, se le pedirá mucho; y al que se le confió mucho, se le reclamará Hay un valor central al cual el Señor nos llama en estas relaciones sociales: vivir la fraternidad. Somos hijos de Dios, Padre nuestro, y por lo tanto hermanos entre nosotros. Si somos hermanos, nace la exigencia del amor recíproco, del amor fraternal. Este amor tendrá que revestir las formas adecuadas a las características de la comunidad en la cual somos hermanos. Tendemos a pensar en el amor como relaciones sentimentales. Podemos y debemos tener relaciones de ese tipo en la vida de familia. Pero no podemos tener relaciones sentimentales en todas las esferas de la vida social en las cuales participamos. El amor se manifiesta de maneras diversas, pero ante todo en el reconocimiento del otro como un sujeto, no un objeto, y en el trabajo como una persona, no como un “recurso humano”. No creo necesario detenerme en este tema ya que es central al segundo pilar de la RSE. El ser humano es corporal. “Dios creó al hombre a su imagen; lo creó a imagen de Dios, los creó varón y mujer” (Gen.1, 27). Una espiritualidad encarnada tiene que tomar en cuenta que la relación de la mujer y el varón con Dios, los caminos de santidad, son complementarios pero distintos. Lo mismo debe decirse de la manera que la mujer y el varón viven las relaciones sociales. Proclamar la igualdad en este campo me parece completamente insuficiente, en la sociedad y en la Iglesia. El desafío de nuestro tiempo, en que la mujer ha accedido a todos los “mercados” de la vida social, es reconocer esta diferencia, amarla y traducir ese reconocimiento a las estructuras de la vida económica y social. Y a la vivencia de nuestra sexualidad. Somos un cuerpo. No lo ‘tenemos’, como si fuera un auto o una computadora que reparo cuando se descompone o lo cambio por otro nuevo. La salud física y psíquica forman parte de nuestro camino de santidad, y para ello se requiere adoptar en este campo, cada vez más sensible en el campo empresarial, un paradigma preventivo, y no curativo. El uso indiscriminado de remedios y terapias debe ser reemplazado por un reconocimiento humilde de nuestros límites, desechando un dualismo cuerpo-alma que nos desintegra. Tenemos inteligencia: creo para entender y entiendo para creer. Para crecer como cristianos, hay que crecer en la inteligencia de la fe, ser permanentes alumnos y comprender la inteligencia práctica, que es la que nos conduce a determinar qué es el Tenemos voluntad. Somos libres, elegimos el bien o el mal. La decisión razonada de estudiar una carrera exige un compromiso a lo largo de muchos años; las decisiones de casamiento o de ser sacerdote son para siempre. Se compromete el ejercicio de la voluntad, que es sobreponerse a otras facultades del hombre: los afectos y los sentimientos, porque no siempre van por el mismo camino que la voluntad. Tenemos sueños, tenemos sentimientos. Jesús habló muchísimo del corazón y no enseñó un camino que fuera sólo intelectual o puramente volitivo; una espiritualidad seca donde se cumplen deberes pero no se permite ninguna sensación y ningún placer sensible o espiritual. Una buena espiritualidad se asemeja a un árbol de raíces profundas y tronco sólido que se flexibiliza a medida que sus ramas alcanzan mayor altura. Por eso la verdad y los principios cristianos no son monolíticos, hay cosas que son negociables en la vida cristiana. Es necesario tener esa inteligencia de la fe para saber qué es lo esencial y qué es lo accidental en las rigideces de las costumbres. El cristiano que tiene seguridad afectiva no necesita huir del mundo: huye del pecado. Un cristiano está llamado a desarrollar las virtudes cardinales y teologales y a disponerse a recibir los dones del Espíritu Santo, proceso que requiere del trabajo de muchos años. No se crece por arte de magia, sin esfuerzo; la espiritualidad cristiana exige vivir cumpliendo la voluntad de Dios. Así habló Jesús en su sermón de la montaña: “No son los que me dicen: ’Señor, Señor’, los que entrarán en el Reino de los Cielos, sino los que cumplen la voluntad de mi Padre” (Mt.7, 21) Quisiera, por último, recordar que la vida de un cristiano es un combate espiritual. Adán y Eva fueron tentados en el Paraíso, y sucumbieron a la tentación. Jesús, llevado por el Espíritu al desierto, fue tentado por el demonio, pero no sucumbió a la misma. Nosotros somos tentados de mil maneras. No basta conocer un precioso plan de vida para llevarlo a cabo, ni capacitarse para desempeñar un rol, como el de dirigente de empresa. Ya nos dijo Jesús: “Estén prevenidos y oren para no caer en la tentación, porque el espíritu está dispuesto pero la carne es débil “(Mt.26,41), y S.Pedro nos recomienda: “Sean sobrios y estén siempre alerta, porque su enemigo, el demonio, ronda como un león rugiente, buscando a quién devorar” (1ªPedro,5,8). La soberbia, presente en el primer pecado, es la madre de todos nuestros pecados, y los que tenemos grandes responsabilidades somos particularmente vulnerables a ella. El antídoto es la humildad, madre de todas las virtudes, la cual nos enseña a vivir como servidores de nuestros hermanos, como lo hizo nuestro Maestro y Señor. El dirigente de empresa es una autoridad. Para aplicar RSE debe tener autoridad moral. Autoridad moral tiene quien demuestra coherencia en su vida entre lo que profesa y lo que hace. Este tipo de autoridad está basado en la conducta, y su rasgo distintivo es la ejemplaridad. El empresario que decide controlar la hora de entrada y salida del personal por medio del fichaje en un reloj, tiene que ser el primero en llegar y el último en irse. Es una autoridad que suscita imitación más que obediencia; atrae en vez de alejar. La autoridad basada en la ejemplaridad no suscita temor sino que inspira confianza. No da órdenes para que las cumplan otros, sino que

Source: http://www.adec.org.py/userfiles/publicaciones/p-rafael-braun-4ta-conferencia_1.pdf

tra.gov.eg

gain: The ratio of output current, gap-loss attenuator: An optical attenuator that exploits the principle of gap loss to reduce theoptical power level when inserted in-line in the fiberpath; e.g. , to prevent saturation of the receiver. Note: Gap-loss attenuators should be used in-linenear the optical transmitter. [After FAA]expressed in dB, will be negative, in which casethere is

P091111.pdf

November 11, 1998 N.G.I.S.C. Las Vegas Meeting CHAIRPERSON JAMES: I want to thank each and everyone of our panelists. At this point we will open it up fordiscussion, any questions from our commissioners and even anexchange among yourselves if you would like to do that. DR. DOBSON: Doctor Nora, yesterday Mitzi Schlichtermade a passing reference to medication for her husband, Art whohas b

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