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MEMORIA COLECTIVA, MEMORY WORK Y LA SEPARACIÓN DE LA Empezaré con algunas consideraciones generales sobre la memoria y el recuerdo, y sobre la relación entre la memoria individual y colectiva. Luego presentaré mi proyecto, Memory Work (Trabajo de memoria), a través del cual prestaré especial atención a la separación de la razón y la emoción. Walter Benjamin aventura una afirmación sobre de dónde puede proceder un deseo generalizado de liberación y cómo puede ser perdurable. Él entreteje el pasado, la esperanza por el futuro y el inconsciente colectivo con la esfera de lo cultural, trazando una línea que puede servirnos como guía para la investigación: En el sueño en el cual cada época abriga imágenes de su sucesora, la última aparece casada con elementos de prehistoria, es decir, con elementos de una sociedad no marcada por clases. Y las experiencias de una sociedad tal, como se almacenan en el inconsciente del colectivo, engendran, a través de la interpenetración de lo que es nuevo, la utopía que ha dejado su rastro en mil configuraciones de la vida, desde edificios perdurables a modas pasajeras2. La memoria es estratégicamente importante en cualquier teoría de la liberación. Es la conciencia colectiva de la historia y al mismo tiempo una capacidad individual. Permite tener una idea de lo posible, del cambio y de la resistencia pasada, y de esta forma, conceptualizar el ser propio. Este es el marco en el que funciona la memoria en las teorías de la liberación, en la teoría crítica y en la literatura. La memoria se convierte en una puerta para lo ideológico y es a la vez la presuposición de una 1 Contribución al seminario del Centro Gallego de Arte Contemporáneo (CGAC), »Sobre imágenes, lugares y políticas de memoria«, en Santiago de Compostela, 11-13 deciembre 2008. 2 Walter Benjamin, «Paris, Capital of the Nineteenth Century», The Arcades Project, pp. 4-5. crítica de la ideología y de los actos de intervención; es portadora de la esperanza así como de la desesperación. La memoria funciona como una prueba de papel tornasol para el proyecto histórico-crítico. LA MEMORIA COLECTIVA Y LA EXPERIENCIA INDIVIDUAL El individuo y su memoria personal se mueven en una relación complicada con el proceso que denominamos «memoria colectiva». La última funciona de acuerdo con la historia general, con estructuras sociales, con crisis bruscas y cambios, con la guerra y la paz. Funciona, por decirlo así, «macrológicamente», y al mismo tiempo codetermina lo que recuerdan las personas y cómo. La memoria colectiva marca a los individuos con algo como un «sello del tiempo». En Alemania, por ejemplo, no es difícil distinguir una generación de la guerra de una generación de la posguerra por la forma en que experimentan lo personal; es posible diferenciar los «niños bien» de los niños sin futuro - que, a su vez, viven bajo distintas condiciones que aquellos de la generación que creció bajo el Gobierno del primer canciller en la Alemania de la posguerra, Konrad Adenauer, que es mi propia generación. Hasta ahora, los miembros de las antiguas sociedades socialistas son obviamente distintos en la forma en que experimentan, en lo que enfatizan. La experiencia colectiva es un marco dentro del cual tienen lugar las vidas individuales, pero no determina totalmente cómo los individuos organizan sus personalidades, su ser en el mundo. Por ejemplo, yo, como miembro de la generación de la guerra, recuerdo la guerra y la paz de una forma extraña y al mismo tiempo comprensible, en general. Si todos ustedes intentan recordar algunos momentos históricos se darán cuenta inmediatamente de que su memoria personal está bastante distanciada de los hechos que se leen en los libros de historia. Si yo empiezo a recordar el fascismo, lo relaciono con la guerra, en una época en la que yo era bastante joven. Inmediatamente me veo a mí misma, a mi hermana y a mi hermano corriendo a través de un campo segado por la noche, los rastrojos picaban; estaba oscuro, había luces por todas partes, una horrible mezcla de ruidos, mucho más agudos que los truenos. Era la noche en que bombardearon Düsseldorf, como averigüé más tarde; mi madre corría detrás de nosotros, con el bebé y las cosas de valor en el cochecito, estábamos intentando llegar a un búnker. No recuerdo este acontecimiento con ansiedad o pánico, sino más bien como una aventura y como algo importante, pero sigo reviviendo un trauma cuando escucho una sirena anunciando un descanso, o el ruido agudo de los aviones. Para mí, el fascismo también fue la época en que nuestra madre tenía muchos secretos, desaparecía para conseguirnos comida; el fascismo no fue la época del hambre, esto sobrevino en los años posteriores. Recuerdo la paz con una sensación de inquietud que aún se agarra a cada una de estas palabras. Recuerdo la paz como sábanas blancas colgando de las ventanas y gente susurrando que ya que habíamos perdido la guerra, habría de empezar una nueva vida. Sonaba triste, como un juego perdido y vidas perdidas, como la de nuestro padre. Yo no podía entender bien todo esto y al mismo tiempo no me dejaban hacer preguntas. Tenía ocho años y me esperaban aventuras fantásticas, como correr por los bosques y buscar cosas como cuadros de Hitler o cajas que habían dejado los soldados en los búnkeres. Nuestra madre reemplazó las fotografías de Hitler por reproducciones de cuadros de Käthe Kollwitz y Miguel Ángel. Nosotros, los niños, nos convertimos en miembros útiles del hogar, y también teníamos que participar en la búsqueda de comida para la familia. Y de alguna manera, la paz estaba también relacionada con mi primer plato de arroz con leche, un plato que para mí nunca perdió el sabor a los incendios, a las sábanas Así que, ¿por qué debemos trabajar con la memoria y no sólo con el presente? Incluso a partir de estas pequeñas imágenes de mis recuerdos del fascismo, entenderán inmediatamente que hay emociones en el medio, como ansiedad, coraje, soledad y sensación de comunidad, utilidad, curiosidad, y el comienzo de la construcción de una personalidad específica, que, al mismo tiempo, está siempre construyendo su propia memoria de nuevo. Ella desarrolla el derecho de no entender una emoción, lo que condiciona su percepción del mundo. O la posibilidad de entender el fascismo a partir de libros, de una forma completamente racional, borrando todas las emociones. Algunas palabras se transforman en glitter words (palabras deslumbrantes), como las denomina Christa Wolf, como «paz» o «derrota». Son contradictorias porque deben ser contestadas con la aceptación, pero LA MEMORIA COLECTIVA COMO TERRENO DISPUTADO Por una parte, es difícil recuperar la relación entre la historia colectiva y la experiencia individual; por otra, todos experimentamos una lucha alrededor de las interpretaciones colectivas de la historia como marco de nuestra memoria personal. Esta es una lucha extraña desde las alturas en la que los gobiernos y sus aparatos ideológicos trabajan constantemente sobre cómo se debe describir el pasado y, sobre todo, cómo deben experimentar la historia los miembros de la sociedad. Experimentamos la lucha sobre la memoria colectiva en espana, que toca ustedes al fondo, que seria el punto el maz importante en este congresso. Pero para mi escogio otre ejemplo: en este año 2008 celebramos el cuarenta aniversario de 1968, un año que, para varios países europeos, fue un año decisivo de esperanza, de alternativas, de agitación y de nuevos movimientos sociales. Para los estudiantes marcó no sólo nuevas formas de vida, sino la disputa con sus padres y cuestiones sobre el fascismo, así como el comienzo de las lecturas de Marx y, por supuesto, el auge (incremento) del segundo movimiento de las mujeres; en pocas palabras: un aniversario de los movimientos de liberación. Desde hace unos años, es posible darse cuenta de que los medios de comunicación están empeñados en borrar cada pensamiento de liberación de 1968, y, en su lugar, reformulan su propio recuerdo. El año 1968 deberá ser recordado, en su lugar, por una época en la que se planificaron los orígenes del terrorismo; o es posible centrarse sólo en aspectos como la mala educación de los niños. Aunque no está claro cómo se forman las personalidades individuales en la historia, y parece que no es de interés para la historia general, la dirección en la que se recuerda el pasado no es ambigua: esto puede estudiarse a través de como se está reorquestando 1968; está relacionado con la forma en que se ha tratado el tema del fascismo en Alemania y, por supuesto, la forma en que se han tratado otras guerras históricas traumáticas en el resto del NARRACIONES DE LA EMPATÍA CONTRA LA RABIA Una forma de celebrar la memoria de una manera positiva es la erección de monumentos. Nos encontramos con ellos en todas las partes del mundo donde miles y miles, incluso millones de personas fueron asesinadas. Recuerdo mi visita a China y cómo me guiaron por sitios horripilantes donde zonas enormes estaban rellenas con los huesos blancos de aquellos exterminados por los japoneses, parecían guijarros; y también en París, donde se pueden visitar los monumentos conmemorativos de los campos de concentración de Alemania, Austria y Polonia. Uno se enfrenta en esos casos con las enormes cifras de los asesinados. Luego está el muro en que fueron ejecutados los miembros de la Comuna de París, adonde la gente sigue llevando flores y cerezas cada día. Algunos de estos monumentos conmemorativos te hacen sentir compasión por las víctimas y consiguen que uno se transforme en víctima, pasiva, indefensa y desolada para siempre; te transformas en un objeto del odio, de la agresión y de la destrucción. Otros hacen que te sientas furiosa y llena de rabia, te hacen sentir la necesidad de actuar, de recordar, de encontrar conexiones, imágenes, palabras que recordar, historias que hagan que olvidar sea imposible. Pero para hacer esto, también tienes que encontrarte a ti Para proporcionarle a la memoria la fuerza para moverse hacia adelante necesitamos estudiar la historia, necesitamos historias. Algunos de ustedes habrán leído la novela Gone to Soldiers, de Marge Piercy. Es una novela sobre el fascismo, contada desde el punto de vista de los judíos por todo el mundo. Narra los destinos de individuos en distintos países arrastrados a la Segunda Guerra Mundial. Escribe de una forma provocadora, mostrando cómo el horror de esta guerra también hizo que la gente actuase de forma humana, llevando a las personas a hacer cosas extraordinarias. Muestra cómo se desenvolvían los individuos, describiendo dentro de imágenes espeluznantes el terror ordinario que implica la normalidad para los humanos. De esta forma logra recordar no sólo la dimensión de ser una víctima, hablando incluso de los más débiles entre los perseguidos, las mujeres y los niños; sino que muestra la necesidad humana de resistir. Es imposible leer la novela como alguien nacido después y con la distancia de la historia. Al leerla, uno se transforma en una parte de esas vidas, uno es débil y culpable, fuerte y activo, uno muere y revive de nuevo, uno ha luchado. Nunca podrá olvidar y volver simplemente a su agenda diaria. La narración le proporciona a la memoria el material que necesita Este es el contexto en el que sitúo mi proyecto Memory Work. En contra de olvidar las grandes narraciones, yo reforzaré las historias como una forma de tradición, de recuperar la propia memoria y el propio papel en la historia, haciendo de la práctica de la narración una cultura, una educación, un movimiento, un reto CONFRONTAR EL RECUERDO Y EL CONCEPTO DE MEMORIA Después de 1989, tras la rendición de los países socialistas, hubo varias «limpiezas» no sólo en las narraciones, sino también y dentro del mismo contexto, de gente como Peter Weiss, que en gran medida fue y sigue siendo una guía y orientación para mí. Su obra principal, La Estetica de la resistancia (Ästhetik des Widerstands), que se centra en el movimiento de los trabajadores y en la Guerra Civil española, ha influenciado el desarrollo de mi concepto de memorywork (trabajo de memoria) en muchos aspectos. Hay una frase suya que he citado numerosas veces como orientación y ánimo, especialmente para las mujeres: «La liberación no se nos debe dar, tenemos que conquistarla nosotros mismos. Si no lo hacemos nosotros mismos, no tendrá consecuencias sobre nosotros»3. Entre las acusaciones contra Peter Weiss estaba la de ser hipócrita, porque después de visitar Auschwitz intentó, en una especie de acto ficticio de la memoria, recordar lo que él mismo no había experimentado. La objeción era que sólo lo que has vivido tú mismo directamente puede servir de base para la memoria. Este juicio nos condena a permanecer en el simple presente y a rendir a una frase vulgar todos los intentos de mantener la historia viva para los corazones y mentes de los muchos que no estábamos presentes entonces. Como yo vivo en las narraciones y en las historias de nuestra 3 Peter Weiss, 1975, 1978, 1981, Die Ästhetik des Widerstands, 3 Bde. Frankfurt/Main, vol. I, p. 226. gente, y como la mayoría de ellas se transforman en una intensa parte de mi alma, me parece extremadamente difícil determinar dónde he estado presente, dónde escuché realmente las palabras en su medio original por vez primera; por lo tanto, no creo que nuestras almas estén tan vacías como se pretende que estén. Yo quiero ir más allá y preguntarme cómo el pasado puede vivir en nosotros. Los esfuerzos ideológicos contra el recuerdo culminan en una paradoja abierta: debido a la gran importancia de cómo los individuos perciben el pasado, recuperan su historia para entender su presente, y el hecho de seguir hacia adelante es tan importante, se hace un gran esfuerzo por proclamar que nada depende del pasado, que sólo el presente debería contar. «El hombre sin historia» es la expresión de moda, apta para desarrollar la falta de escrúpulos, necesaria para la atomización y des-solidarización de las personas que únicamente están orientadas hacia el «La tarea de recordar se ha transformado en una camisa de fuerza intelectual hoy en día». Con estas palabras, el historiador Rousso comenzó en 1998 uno de los torneos de moda donde nuevos términos se popularizan y se disparan como si fuesen cometas. Después de una sorprendente carrera, son destronados y enterrados en las cenizas de su gloria pasada para dar paso a una nueva moda. El «recuerdo» y la «memoria» solían ser términos que indicaban esperanza y desesperación, el compromiso de no repetir nunca la historia, el «nunca más». De esta forma, el Frankfurter Allgemeine Zeitung (FAZ), el periódico de mayor tirada de Alemania (nacional-conservador), se hace con este concepto como un gesto de la militancia de 1968, y, para colmo, rápidamente lo relaciona con 1989 (la caída del muro de Berlín y el fin del socialismo de estado) y con el «deseo obsesivo por entender el pasado» de ese periodo. Por lo tanto, confina con entusiasmo lo que Raulff (1998), del FAZ, denomina «el culto a la memoria de las últimas décadas»4 a una tumba. La estrategia de ver las palabras convertidas en carreras de moda y de producir con ellas el propio lugar en la actividad económica en aumento, al transformar una crisis autoproducida en una oportunidad para la propia reentrada y el éxito económico. Todo esto es parte de un movimiento que busca asimilar la 4 Ulrich Raulff, «Marktwert der Erinnerung», Frankfurter Allgemeine Zeitung, 5 de mayo de 1998. producción del conocimiento por el mercado; no sólo fuerza a los intelectuales en amarga competición sobre quién formará la opinión pública, sino que de una forma estrictamente democrática también invita a los medios de comunicación y a la audiencia a que participen en la consiguiente ceremonia de entrega de premios. De este modo, siempre hay varios frentes en la batalla que están abiertos y cambiando. La llamada a un olvido colectivo provoca una sensación de inquietud que nos hace pensar que uno no está participando realmente en el proceso de creación de la gran historia y que no sabe realmente lo que puede ganar si participa en este entierro, por ejemplo, en el entierro de los movimientos de los setenta antes de recordarlos de verdad. Y al mismo tiempo, esta misma inquietud está silenciada y aplacada por una oferta de «cogestión». Se pueden comprar conceptos en un almacén que se transforman en mercancías. En este mercado de conceptos, la memoria ha perdido En este marco voy a presentar mi proyecto Memory work. En primer lugar, lo concebí durante el apogeo del movimiento de mujeres a mediados de los setenta. Memory Work es simultáneamente más humilde y decididamente más audaz que el trabajo de recordar históricamente el pasado como un acto colectivo. Su idea es utilizar la memoria para el objetivo de la liberación. Pero los términos han sido desacreditados: han perdido su valor (de mercado). Hoy, en el segundo milenio, esto se refiere en particular a la memoria: cualquiera que aún se atreva a invocar la noción de ella, proporciona una prueba instantánea al sentir que lo han dejado atrás con el paso del tiempo. Pero eso se refiere más a la liberación, que para los intelectuales ocupados se ha transformado en un sinónimo de algo pasado de moda, de estar perpetuamente detrás de los tiempos; en pocas palabras, de ser un Y aun así, no puedo de ninguna forma desistir en conectar la memoria y la liberación. Por lo tanto intento evitar la caída libre de los términos haciéndolos más Como he señalado antes, la memoria individual es impensable sin una referencia a la memoria colectiva, y cada memoria personal es parte de un proceso histórico mayor. No obstante, en el contexto de este proyecto, la memoria se refiere principalmente al pasado de cada uno, a los recuerdos personales y a asuntos que surgen en la búsqueda del propio ser en la propia historia vital de cada cual. Con esto, el proyecto se mueve rápidamente del mercado de los logros académicamente respetables al cuarto de atrás de la narración casual. De acuerdo con ello, escogí para nuestro primer libro colectivo el título Alltagsgeschichten und Entwurf einer Theorie weiblicher Sozialisation (Historias cotidianas y primer borrador de una teoría de la socialización de la mujer). Recopilando las historias cotidianas de muchas mujeres, se proponía explicar cómo nos convertimos en quien somos hoy. Incluso este primer acercamiento muestra un enfoque audaz del tema, a pesar de su humilde planteamiento. Estructurado en base a breves historias personales, en la medida en que nuestras memorias censoras las relataban, pretendíamos llegar a enunciados muy generales sobre la adquisición de la female-ness (feminidad) en nuestras sociedades. Inscrita en este mandato autoimpuesto para la investigación, está la asunción, basada en la experiencia personal, de que esta feminidad que denominamos women's forms (formas de mujeres) constituye una prisión de la que queremos liberarnos; que tenemos que hacerlo nosotras mismas y que no podemos dejar que otros lo hagan por nosotras; que tenemos el conocimiento necesario para lograr la humanidad y un futuro más libre, incluso cuando, una vez más por la experiencia, sabemos que a menudo está deformado, que es ilusorio, semi conociemente y muy censurado. En pocas palabras, Memory Work es un proyecto de investigación nacido en el apogeo del movimiento de las mujeres, que se dirige a las mujeres más que como una nueva metodología, aunque también lo sea. Durante unas tres décadas, Memory Work ha mejorado mucho en su metodología, ha confrontado dudas sobre sus dimensiones teóricas y ha incorporado nuevos impulsos. Ha encontrado campos de aplicación aún más amplios y ha incluido grupos cada vez más numerosos. Por el momento se ha hecho casi imposible decir quién ha trabajado en el, dónde y basándose en qué críticas. En términos de la disciplina académica, Memory Work es un método de investigación en la psicología social. Políticamente hablando, se basa en un colectivo que busca la liberación personal y general. Teóricamente es interdisciplinar, con un énfasis especial en la teoría cultural, la teoría de la ideología, la psicología crítica y la lingüística. Pretende aumentar nuestro conocimiento sobre la socialización de la mujer al tiempo que pretende promover la potencia de actuar Antes de mostrar aspectos de estudios que tratan la separación de la razón y la emoción, tomaré un momento para presentar el proyecto y su historia, que mucho más claramente que los términos «dominación» y «liberación», usados y debilitados como están por la moda actual, indica que estos asuntos siguen en cuestión. Voy a describir cómo nos interesamos en Memory Work, cómo lo impulsamos y cómo lo continuamos persistentemente durante casi treinta años ahora. Los problemas a los que nos enfrentamos al principio indicarán la lógica interna de su desarrollo en su multiplicidad. Cada obstáculo que nos encontramos testifica la necesidad de una investigación que está orientada por la teoría, y cada momento de resistencia, ya sea en el proyecto en sí, en nosotros mismos o en nuestros esfuerzos, debía ser transformado en un compromiso para futuras investigaciones. MEMORY WORK EN EL MOVIMIENTO DE LAS MUJERES Mucho antes de que emergiese el movimiento estudiantil y el movimiento de las mujeres, Herbert Marcuse proclamó: «la restauración del recuerdo a sus derechos, como un vehículo de liberación, es una de las tareas más nobles del pensamiento»5. Aunque podríamos partir de lo que ya se había pensado, que, después de todo, estaba disponible en libros, y utilizar esas visiones para movernos de una forma directa y completa para capturar las complejas relaciones entre el individuo y la sociedad que eran nuestro tema, no empezamos por semejante lenguaje seductor del siglo de las Luces. Nuestro camino era más arduo, más preliminar, más largo y menos sofisticado. Comenzó encontrándonos con problemas inesperados con 5 Herbert Marcuse, Eros and Civilization. A Philosophical Inquiry into Freud. The Beacon Press, 1955, p. 232. nosotras mismas; en pocas palabras, con la experiencia del shock de la cultura Era el comienzo del «nuevo» movimiento de las mujeres a principios de la década de los setenta. El «nosotras» de ese movimiento implicaba un grupo de mujeres socialistas que se habían unido para emanciparnos de lo que denominábamos los «déficit de la socialización de la mujer». Estaba concebido principalmente como un puente que nos prepararía para la política seria, por ejemplo. Asumimos que necesitábamos básicamente adquirir conocimientos, así como la capacidad de articularlos en espacios públicos. Estaba en cuestión, por lo tanto, la educación política. Así, dividimos uno de los dos primeros grupos del Aktionsrat zur Befreiung der Frau (Consejo para la Liberación de la Mujer)6 en un conjunto de pequeños grupos de estudio en los cuales, como era práctica habitual en los años del movimiento estudiantil, leíamos y debatíamos una cantidad enorme de libros y artículos. Debido a que queríamos hacernos tan competentes en política como suponíamos que eran los hombres, nuestra selección de lecturas procedía principalmente del campo de la economía política. En esa época, a comienzos de la década de los setenta, casi no existían libros que hiciesen una referencia directa a las mujeres. Consecuentemente, sólo Engels, Bebel y, en cierto modo, Clara Zetkin estaban presentes para nosotras. Nosotras estudiamos El origen de la familia, la propiedad privada y el estado de Engels e incluso añadimos a nuestra lista de lecturas el primer volumen de El capital de Marx. Mi grupo estaba compuesto por once mujeres; nuestro entusiasmo por estudiar juntas era inagotable. Viajábamos juntas, pasábamos nuestros fines de semana (a veces incluso las vacaciones) unas con otras, cocinábamos juntas, y por las noches visitábamos los bares de Berlín, algo que por aquel entonces estaba considerado como algo muy poco apropiado para una mujer. Organizamos conferencias, mítines, sentadas en elegantes convenciones médicas, y nos implicamos en el 6 El Aktionsrat unió a unas cien mujeres que se sentían comprometidas con él; los pequeños grupos de estudio contaban con unas doce mujeres cada uno. La historia de este movimiento y esta nueva forma de organización está siendo constantemente reescrita. Aquí voy a mostrar un relato más detallado, puesto que mi principal preocupación es la fundación de Memory-Work, que implicaba sólo un pequeño grupo dentro de ese primer grupo de mujeres. Para más información sobre la historia del movimiento de las mujeres alemán, véase mi Frauenpolitiken (Berlin/Hamburg, 1996). primer congreso de las «nuevas» mujeres en Frankfurt en 1972, que excluía a los hombres por primera vez. Nos sentíamos escandalosamente fuertes y vivas, lo que explicaba nuestra búsqueda por una salida de la regla autoimpuesta de deshacer el grupo después de un año para que cada una empezase un nuevo grupo. Si por lo menos pudiésemos seguir juntas otro año. El resultado fue la idea de escribir un libro para el movimiento de las mujeres en el que pudiésemos hacer accesible a todas las demás nuestras experiencias de aprendizaje conjuntas, de forma que pudiesen aprender como hicimos nosotras. Primero, escribimos resúmenes de todos los artículos y libros que leímos y así creamos una especie de guía de estudio que, déjenme que lo diga sin irme por las ramas, era terriblemente aburrido y estaba mal escrito. No tenía nada de la pasión que había animado nuestro estudio, nada de la fuerza que nuestra comunidad nos había proporcionado a cada una de nosotras. El libro ni siquiera trataba sobre aprender o sobre experiencias de aprendizaje de las mujeres. En lugar de eso, cubría lo que habíamos estado leyendo: cazadores y opresores (los dos masculinos), el Estado y el crecimiento económico, fuerzas y relaciones de producción, y cosas así. Ya habíamos escrito ochenta páginas y aun así no había aparecido una sola mujer en nuestro texto. Sabíamos incluso entonces que las mujeres en el movimiento, para quienes estábamos escribiendo, no habrían de leerlo bajo ninguna Por lo tanto, dejamos a un lado lo que habíamos escrito hasta el momento y nos pusimos a reflexionar sobre el modo en que habíamos estado estudiando y aprendiendo juntas. Pero no lo recordábamos. Así que nos impusimos la tarea de escribir de forma individual lo que nos viniese a la mente sobre nuestras experiencias de aprendizaje comunal, pequeñas anécdotas, experiencias repentinas, nuestro entusiasmo por aprender, los éxitos o las dificultades, así como los momentos en que nos faltaba el entusiasmo. Esta tarea de examinar textos cotidianos causó otra sorpresa: mientras que todas las mujeres del grupo, sin tener en cuenta sus estudios previos, eran a esas alturas capaces de resumir un libro o un artículo académico de modo claro, las historias personales aparecían en un lenguaje extremadamente pobre; en casi su totalidad carecían de un lenguaje que abordase la emoción y la razón. Resultaba todavía más descorazonador el hecho de que estaban muy enraizados en las condiciones sociales, valores e ideología que precisamente queríamos superar. Hablaban desde el centro mismo del sentido común ideológico y estaban anclados en la cultura dominante, a pesar de que nosotras los habíamos escrito, que nos creíamos tan inteligentes, cultas y cualificadas para enseñar a los demás. En resumen, habíamos supuesto, sin ser nada críticas, que estábamos por encima de las condiciones sociales y que teníamos que ayudar a las menos La conmoción de percatarnos de que éramos parte integrante de las relaciones sociales que habíamos criticado produjo cinco lecciones que pasaron a ser una especie de teoremas fundamentales para nosotras y que marcaron el comienzo de Memory Work. Se resumían brevemente de la siguiente manera: 1. Estaba mal creer que éramos una especie de avant-garde del movimiento de mujeres; aunque nunca lo habíamos dicho de ese modo, era evidente que así lo creíamos. Al ser una parte integrante de las relaciones de la sociedad, estábamos marcadas en modos semejantes, encontrábamos obstáculos semejantes y teníamos los mismos defectos y posibilidades que cualquier otra mujer. Esta perspectiva cambió nuestra política a largo plazo y, en mi caso, cambió al mismo tiempo mi interpretación de cómo llevar a cabo una investigación. Si queríamos saber lo que pasa en el proceso de la socialización de la mujer, podríamos observarnos a nosotras mismas y unas a las otras como «material empírico» y como «objetos de investigación». Esto provocó que nuestra investigación fuese inmediatamente más sencilla y al mismo tiempo más complicada. 2. Teníamos que suponer que nosotras mismas estábamos reproduciendo la ideología dominante. Esto implicaba que necesitábamos estudiar al mismo tiempo esos contextos y examinar nuestras vidas como productoras femeninas de cultura e 3. Adquirimos conocimiento con dificultad sobre la política del lenguaje. Anteriormente, experimentamos de forma concreta que el lenguaje no es sólo una herramienta que se usa con mayor o menor habilidad, sino que es una expresión de 4. Nuestra incapacidad para hablar sobre las mujeres por medio de la teoría social, incluyendo las teorías del conocimiento, la teoría social y cultural, entre otras, no era culpa nuestra, sino que se debía a la ausencia total de mujeres en las propias 5. Ante nosotras se extiende un vasto territorio desconocido: el conocimiento sobre el modo en que las propias mujeres se interconectan con la sociedad. Sin embargo, como mujeres expertas que «sabíamos» cómo se hacía porque lo vivíamos día a día. Estas ideas eran al mismo tiempo dolorosas y fascinantes. Para pensar en nosotras como parte de esas relaciones sociales con las que habíamos aprendido a ser críticas y a considerar como estructuras que en cierto modo eran externas e independientes de nosotras, necesitábamos vernos como personalidades que reproducen esta misma sociedad y que están involucradas en ella a través de cuerpo y mente, emociones y razón. Cambiar nuestra política era tarea ardua, pero resultaba fascinante descubrirnos a nosotras mismas como un área de investigación y convencer a otras mujeres de todo el país y del extranjero para que hiciesen lo mismo. Resultó incluso más difícil cambiarnos a nosotras mismas: ¿cómo podíamos trabajar con nuestros sentimientos y con los modos en que veíamos de forma espontánea las rutinas diarias? ¿Cómo explicar las relaciones entre sentimientos, actitudes y rutina diaria que sentíamos? Este fue el nacimiento de Memory Work. He estado realizando este trabajo durante más de tres décadas siempre en áreas nuevas. Con diferentes grupos, he publicado once libros, dos de los cuales se han traducido al inglés. Denominamos al proyecto en su totalidad Women’s Forms (Formas de mujeres). La intención era reunir diferentes ideas teóricas. La frase «formas de mujeres» alude al concepto de formas individuales propuesto por el filósofo francés Lucien Sève en su obra Psychologie de la Personalité, en la que hace referencia a las formas prefabricadas que todos los individuos encuentran en cada era y dentro de las cuales pueden y deben proyectar y revelar su individualidad. Así, la investigación comprende las propias actividades de la persona y las condiciones con las que se encuentra cada individuo: formación y autoformación (Formierung ebenso wie Selbstformung). En este sentido, las «formas de las mujeres» amplían la noción marxista de «forma» para nuestro objetivo. Pero conlleva un significado adicional: «las formas de las mujeres» también son ideales estudiados en los que las mujeres se embullen (magullan) física y mentalmente. Las formas de las mujeres son idealizaciones y su realidad, sueños y esperanzas para la autorrealización específica de cada una. Cada nueva investigación nos ha ayudado a mejorar nuestra metodología. Y sigue siendo fluida: es decir, se trata de un proceso En la actualidad sigo trabajando sobre sus cuestiones fundamentales: cuestiones de método, lenguaje y cultura, y sobre todo la cuestión urgente y más general de cómo reproducen las mujeres la formación social existente y sus relaciones de poder. Esta cuestión nos transporta más allá de la despedida moderna a la posibilidad de hablar sobre las mujeres en plural, y por tanto asume la existencia de un sujeto colectivo. La cuestión relativa a los sexos y su construcción, cómo las propias relaciones de género están impulsando las fuerzas sociales y cómo las bloquean al mismo tiempo, debe asumir la posibilidad de hablar de las mujeres como parte de estas interrelaciones. En la, sin duda, pintoresca mezcla de construcción y prácticas de la «feminidad» en la sociedad, asumiré un vínculo común en el modo en que se posicionan a sí mismas con respecto al otro sexo. Esto me permite estudiar las numerosas facetas y potenciales de liberación. ¿Por qué cobra especial importancia la separación de la razón y la emoción en todo pensamiento de liberación? Estas palabras abstractas y aparentemente neutras son un vehículo permanente para la subalternidad y el oportunismo. Bertolt Brecht sugiere que podemos educar nuestras emociones. Tiende a realizar conexiones poco comunes y en apariencia sin relación, por ejemplo, su opinión de que el amor es una producción. Las dos propuestas indican que algo falla en cuanto a la razón, que se suele considerar que necesita ser educada o ilustrada, pero al mismo tiempo indican también que lo mismo sucede con las emociones. Reunir la educación y la emoción sitúa a la última en una posición de tensión desconocida frente a la razón. En resumen, mientras que normalmente se supone que la razón y la emoción se encuentran en extremos opuestos, merece la pena preguntarse por qué dicha separación. Para ilustrar esta idea, hablaré sobre el tema a través de los estudios que Mi punto de partida y mi opinión preliminar es que la separación de razón y emoción presenta un problema porque entorpece su desarrollo mutuo. De este modo, al tiempo que ambas se debilitan, el hecho mismo de la separación se convierte en el camino hacia la dominación y el sometimiento. Los hábitos refuerzan las barreras entre razón y emoción de modo que no unen sus fuerzas. Estos hábitos están orientados por normas y por morales, valores que mantienen a las mujeres encarceladas durante mucho tiempo, mientras las protegen y les ofrecen En los movimientos de liberación de la mujer siempre hay una lucha contra el confinamiento de la moralidad. Por ejemplo, durante la Revolución Rusa, Alexandra Kollontai luchó contra la prisión del amor que no permitía que las mujeres fuesen personas libres e independientes. Partiendo de este marco de investigación triangular, razón, emoción y hábitos que mantienen cierto orden en su conjunto, cualquier movimiento o desorden hacia la libertad debe llevarlo a cabo la persona que se tiene que liberar a sí misma. Siguiendo Tesis sobre Feuerbach, de Marx, que sostiene que el cambio personal y social coincide en el acto revolucionario, traduzco esta idea a mi método de investigación, pasando los objetos de investigación a sujetos de su propio cambio. Con esta intención, desarrollé Memory Work como un modo de reconstruir el pasado para obtener un futuro mejor. La teoría que lleva implícita es que construimos nuestra propia subalternidad, no somos simples víctimas. Dicho de otro modo, incluso el hecho de sacrificarnos a nosotras mismas no es sólo un acto de pasividad. Volvemos sobre nuestros pasos, sobre el modo en que asignamos el mundo, los caminos que elegimos y los que hemos rechazado para convertirnos en las personalidades que somos. Recordar implica traer a la memoria ciertos pasos que dimos, pero por ello experimentándolos con nosotras mismas como actoras de dichos pasos. Esto conlleva la posibilidad de reorganizarnos a nosotras mismas, de vivir de un modo más consciente, optando por un compromiso de la razón y la emoción que podamos aceptar. Otra suposición implícita es que no sólo estamos fragmentados a través de motivos que entran en conflicto, sino que además la oposición de razón y emoción se hace insoportable y nos deja políticamente pasivos. Memory Work es una herramienta bastante efectiva para salir de esta prisión, una prisión que es el resultado de las condiciones en las que vivimos y de Rosa Luxemburg afirma que aunque la historia está escrita como una secuencia de acciones de grandes hombres individuales, «es la gente, las masas anónimas, las que crean su destino, su felicidad y sus perjuicios»8. Intentar comprender la historia desde su base es una tarea monumental. Comenzamos con detalles que parecen En nuestro estudio de la sexualización del cuerpo femenino, buscamos una dimensión que habíamos «olvidado» en nuestro estudio preliminar sobre la educación con respecto a la feminidad, esto es, la relación entre las niñas/mujeres y su propio cuerpo. Queríamos encontrar una articulación política de lo personal. Buscábamos conexiones, experiencias que pudiesen servir de ejemplo, que fuesen relevantes para un gran número de mujeres. Todas recordamos inmediatamente las numerosas reglas sobre el cuerpo y su presentación: cómo hay que vestirse según el peso, cuáles son los mejores colores, las mejores formas, las proporciones del cuerpo y cómo ocultarlas si no son «normales», cómo engañar y cómo caminar, culminando todo este conjunto en una presentación de la persona en la que nos 7 Aceptado recientemente y debatido en Adrienne Hyle (ed.), Dissecting the Mundane, University Press of America, 2008. 8 Rosa Luxemburg, Die Menge tut es, Gesammelte Werke 4, 1987, Berlín/DDR: Dietz, 1974, p. 206. vemos a nosotras mismas a través de la mirada masculina ajena. En este estudio también descubrimos que no se trataba de las miradas de los hombres que conocíamos, de amigos o maridos, sino la mirada de hombres (adelantados) anticipados que gobernaban la moda y la sociedad en su conjunto. Aprendimos que tener barriga no era sólo un problema de demasiada grasa, sino que se trataba de una actitud que se asociaba con el trabajo doméstico, con estar tiradas, ser perezosas. En suma, se trataba de una actitud que había que corregir. Todas sufríamos la carga de tener el cuerpo equivocado, en relación con nuestro pecho, nuestra barriga, brazos, piernas, pelo, etc. Todas habíamos desarrollado una cierta habilidad para presentarnos sin defectos, pero éramos totalmente incompetentes a la hora de entender nuestros cuerpos como una tarea natural, como nuestras vidas. Esta estructura de competencia dentro de la incompetencia, expresión que tomamos del trabajo de otro proyecto sobre ideología (1979), resultó ser especialmente útil para nuestra investigación. Nos permitió aprender del hecho de que el carácter esclavo de la mujer es una competencia que la mujer defenderá contra cualquier cambio liberador que lleve a cabo. Estudiamos la reproducción de las relaciones de género en su conjunto, donde observamos una cooperación activa en el sometimiento ideológico. Aprendimos, de forma práctica, que no podemos pensar en opuestos como lo bueno o malo, sino en contradicciones, analizando CONTRADICCIONES EN LA DÉCADA DE LOS NOVENTA Pero las relaciones sociales y las expectativas asociadas a la «mujer adecuada» y la «madre adecuada» han cambiado. Los cambios no ocurren de forma simultánea, de modo que las discrepancias entre el futuro con el que soñamos y lo que se espera de nosotras causan una gran preocupación. A medida que crecen, las mujeres se convierten en seres muy racionales que piensan y actúan, todo a la vez, teniendo que ocultar y descuidar sus sentimientos, que a largo plazo acaban tomando la En un segundo estudio9, partimos de la contradicción que nos suele encantar en los culebrones, y que sabemos que es una cursilería, y que también aparece en películas como Pretty Woman o Algo para recordar. Podemos probar cómo se pierden todas las percepciones importantes en la sociedad, cómo personalizan los actos sociales, cómo mienten y seducen de la forma más mezquina, cómo incluso las expectativas más insignificantes de una realidad diferente se encuentran con la decepción. Sin embargo, así como nos sentamos en la butaca del cine, nos encanta ver cada detalle, vivimos la experiencia junto a los personajes de la película, nos identificamos con ellos, temblamos, esperamos y las lágrimas nos hacen perder nuestro ser racional y Puesto que nosotras, el grupo que estudió las experiencias con las películas, tenemos diferentes edades (de 20 veinte a 50 cinquenta años) y diferentes antecedentes, incluso procedemos de diferentes países, nos aventuramos a sacar algunas conclusiones generales. Trabajando con textos, analizando recuerdos de estas experiencias con películas, reunimos los siguientes resultados: Las mujeres no van a ver una película; entran en la película ellas mismas y se convierten en los personajes. Para hacerlo, se libran de su propia mente y la dejan en la taquilla para poder así dar rienda suelta a sus emociones, las cuales suelen estar protegidas, pero aquí las dejan libres de todo pensamiento. Cuando termina la película nos embarga la sensación de vergüenza, salimos del cine, recogemos nuestro intelecto y volvemos a convertirnos en miembros activos de la sociedad. Este extraño arreglo funciona porque la razón o el intelecto se presentan de modo antipático y austero, siguen mandando, prohibiendo y regulando nuestra vida. Aceptamos la coexistencia con esta antipatía durante mucho tiempo, pero cada cierto tiempo nos permitimos dejarla a un lado y disfrutar de la vida. Así es el modo en que se garantiza la separación de la razón y la emoción. Es una separación que hace que la vida sea monótona, la razón deprimente y el compromiso político e intelectual apático. Es necesario unir los dos para experimentar tanto los sentidos como la mente. «Pensar es una pasión», afirma Brecht. 9 Frigga Haug and Brigitte Hipfl (ed.), Sündiger Genuss (Sinfull pleasure). Filmerfahrungen von Frauen, Hamburgo: Argument, 1995 EXPECTATIVAS DE FUTURO AL COMIENZO DEL SEGUNDO A partir de la década de los setenta, hemos presenciado el surgimiento de lo que llamamos el capitalismo de alta tecnología neoliberal, un régimen que también ha cambiado las coordenadas que guían las relaciones de género. Lo que aparenta ser una intrusión de la razón en el paisaje de la emoción se convierte en una fortificación de su separación, una falta de simultaneidad abrumadora. La ruta hacia la vida pública aparece al alcance de las mujeres, las carreras profesionales son posibles, tenemos actos de igualdad de oportunidades por toda Europa. Y al mismo tiempo hay una falta de relación, de funcionamiento, de formación de las emociones. Por el contrario, las emociones nos invaden cuando menos las En este sentido, hago un resumen de un tercer estudio sobre mujeres adolescentes que están creciendo, Memory Work for the future (Memory work para el futuro). Las y los estudiantes escriben sobre sus deseos y sus anhelos para el futuro. Lo que más nos sorprende es el modo en que la nueva generación vive con los mismos anhelos que las generaciones que la precedieron. De modo semejante a un estudio llevado a cabo hace más de tres décadas, las chicas tienden a buscar la familia nuclear, el hogar, el marido, dos niños; no se imaginan a sí mismas como amas de casa, sino trabajando a tiempo parcial. Resultaba una novedad la seguridad que mostraban de que la familia debería tener dos coches, uno para llevar a los niños a la escuela e ir a recogerlos y despues para llevarlos a las diferentes actividades que realizasen y otro para ir a trabajar. También era nueva la enorme influencia que tiene la televisión como el profesor más poderoso de la juventud, que evidentemente sigue transmitiendo las mismas emociones y anhelos de antaño. No aparecía por ningún lado la idea de ser humano como factor influyente para aportar Mientras que la nueva generación de mujeres se imaginaba a sí misma tomando parte activa en la formación de la familia, en otro estudio de Memory Work10, es el amor el que toma posesión de la creatividad de sus madres. El amor no como algo que hacemos o producimos, no como una actividad, sino como una emoción que nos retiene, que se revela contra nosotros, que da sentido a nuestras vidas. Estas mujeres ocupaban puestos muy especializados y formaban parte de la vida social, pero en cierto modo todavía alimentaban el viejo anhelo de una pasión repentina, los antiguos sentimientos que tenían pegados como un deseo insatisfecho. La vergüenza y la culpa podían desecharse, pero todavía había una capa más adentro de sus personalidades que se resistía a todo cambio necesario11. RESUMEN DE PENSAMIENTOS EN LA SEPARACIÓN DE RAZÓN Y ¿Por qué nos oponemos a la separación de razón y emoción y por qué defendemos Benjamin, con quien comencé este texto, asume que en la memoria colectiva durarán los elementos de la prehistoria y determinarán los sueños del futuro. El anhelo de una sociedad sin injusticias, sin clases y sin guerra seguirá existiendo. En las historias de las personas, estos anhelos se van pasando de generación en generación como cuentos de hadas y leyendas, a través de proverbios y del sentido común. Cada época trae consigo nuevas experiencias colectivas, un almacén para las derrotas y las pequeñas victorias. Se encuentran en la historiografía. La fabricación de derrotas y victorias tiene lugar en un campo disputado de la interpretación histórica. Aquí funcionan las ideologías conservadoras, y en ocasiones también la ilustración y un deseo de justicia. Para apoyar este último están los esfuerzos pedagógicos que reclaman para sí a los humanos, lo que a su vez implica reclamarlos para una sociedad liberada. Hacen esto en estructuras dadas y en relaciones sociales dentro de las cuales unas pautas culturales especiales 10 Das Argument 273, 2007, Liebesverhältnisse. 11 Véase el capítulo sobre Memory Work en nuestro libro sobre las relaciones de amor, Das Argument 273, 2007, pp. 163-177. codeterminan las actitudes individuales. Benjamin supone que el pensamiento dialéctico es el instrumento de la penetración consciente, … el pensamiento dialéctico es el órgano del despertar histórico. Cada época, de hecho, no sólo sueña a la que sigue sino que, al soñar, precipita su despertar. Soporta su fin en sí misma y lo revela … con astucia. … La penetración dialéctica y la actualización de antiguos contextos pone a prueba Pero el proceso que va de la memoria colectiva a la acción individual no sigue una línea recta. Al igual que los enanos habían clavado hasta el último de los cabellos de Gulliver, los individuos están integrados en la cultura dominante con muchas fibras únicas de sus emociones y de sus mentes. Esto implica que no se pueden mover libremente a menos que trabajen sobre estas trabas y sobre el modo en que están contribuyendo a crearlas. Podrían haber aprendido a pensar de un modo liberador, pero las trampas que se vislumbran desde sus emociones todavía no han sido analizadas. Las emociones recomiendan a las mujeres esperar, tomar la postura pasiva, no intervenir. Realizan conexiones con toda la personalidad, que se ha convertido en un adulto y en una persona razonable, dispuesta a participar en la elaboración de la sociedad, a través de su cuerpo. Dentro de esta contradicción, los sentimientos de envidia los agarran como el cemento contra los pasos para moverse hacia adelante. Por esto es por lo que seguimos e Brecht para expandir nuestro desarrollo hacia la educación de nuestros sentimientos. Las emociones necesitan sus propias vidas; cambiarán más despacio o nada en absoluto si no tomamos su educación tan en serio como la de la razón. Pero esto significa que tenemos que abrirnos paso entre la separación entre razón y emoción, cuestionar razonablemente nuestros sentimientos y llenar nuestros pensamientos con pasión. Esto también significa no olvidar el pasado, resistirse a acallarlo utilizándolo. Es para este objetivo para lo que se ha concebido Memory Work. BENJAMIN, Walter, Das Passagenwerk, Gesammelte Schriften 5/1, 5/2, Frankfurt/Main, 1982. En inglés: The Arcades Project, traducido por Howard Eiland a. Kevin McLaughlin New Ed, 2002. Brecht, Bertolt, Meti. Buch der Wendungen, Gesammelte Werke 12, Prosa 2, 421 - Das Argument 273, Liebesverhältnisse, 49. Jg., vol 5/6, Hamburg 2007 ENGELS, Friedrich, Urspung der Familie, des Privateigentums und des Staates, HAUG, Frigga, Frauenpolitiken Berlín/Hamburgo 1996. ___ (ed.), Female Sexualization London, Verso Londres 1987, second edition 2002 Frigga Haug, Beyond Female Masochism: Memory Work and Politics, Verso, ___ y Brigitte Hipfl (ed.), Sündiger Genuss (Sinfull pleasure). Filmerfahrungen von HYLE, Adrienne (ed.), Dissecting the Mundane, University Press of America, 2008. KOLLONTAI, Alexandra, die neue Moral und die Arbeiterklasse, Münster, 1977. LUXEMBURG, Rosa, Die Menge tut es, Gesammelte Werke 4, 1987, Berlín/DDR, MARCUSE, Herbert, Eros and Civilization. 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Source: http://www.friggahaug.inkrit.de/documents/santiagospanischfh.pdf

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