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Sextas Jornadas de Ética «No matarás»
Una ética adversus el pensamiento único
Filemón y Baucis.
Hospitalidad y vida.
Por Marisa Mosto (UCA)
En este trabajo nos proponemos desarrollar algunas ideas que contribuyen a la ética del pluralismo y el mestizaje como proponen estas jornadas. Filemón y Baucis en Ovidio. La hospitalidad.
La hazaña de Filemón y Baucis aparece relatada en Las metamorfosis de Ovidio (43 a.C.- 17 d.C.). Cuenta allí Ovidio que en una zona de Frigia, existe un sitio donde se encuentra un árbol rodeado de murallas que lo defienden de las aguas que cubren la región. Ese árbol tiene una historia: un día Júpiter y Mercurio bajo apariencia humana pidieron inútilmente hospitalidad a varias casas de la comarca y los únicos que les abrieron las puertas de su humilde choza fueron esta pareja de ancianos. No sólo los recibieron, les lavaron sus pies sino que también compartieron con ellos los pocos alimentos que tenían. Desconcertados Filemón y Baucis comprobaban que el vino de su vasija lejos de disminuir aumentaba cada vez que lo servían a sus huéspedes y cuando estaban por matar el último pato que les quedaba para ofrecer algo más a los hambrientos peregrinos, Júpiter impidiéndoselos, les reveló su identidad. Inmediatamente colmó de dones a sus anfitriones a la vez que sumergió bajo las aguas a sus desdichados vecinos. Cuenta la leyenda que el dios transformó la choza en un lujoso templo y luego quiso conocer cuál era el deseo más anhelado por la pareja para poder concedérselo; ellos solicitaron la gracia de morir juntos. Y eso fue lo que ocurrió: custodiaron el templo los siguientes años y al morir se transformaron en ese árbol con el que comencé a transmitirles 1 Cfr. Ovidio, Las Metamorfosis, Barcelona, Edicomunicación, 1999, pp. 156-158 Podemos reconocer en la narración de Ovidio elementos que resuenan con fuerza en la morada interior de un lector familiarizado con la literatura judeo-cristiana. La maldición del diluvio, el gesto supremo de servicio en el lavado de los pies, la bendición divina en la multiplicación del vino y enmarcándolo todo, la vigencia del imperativo de hospitalidad. Pues lo primero que salta a la vista delimitando el universo de esos detalles es el ambiente La inmensidad de los bienes que desencadena el respeto al mandato de hospitalidad es una moraleja común a varias culturas; la necesidad de recepción del extraño en nuestro lugar de ser como algo que afecta a nuestras obligaciones y oportunidades trascendentes está
presente en innumerables culturas y sociedades.2 Algunos ejemplos dentro de la cultura judeo-cristiana: “Las anécdotas del Antiguo y del Nuevo Testamento no sólo nos dicen lo grave que es la obligación de acoger bien al
extraño en la propia casa, sino también que los invitados traen consigo dones que están
ansiosos de mostrar a quien los acoge. Los tres forasteros recibidos en Mambré por Abrahán, a los que ofreció agua, pan y un ternero gordo, se revelaron como el Señor y le anunciaron que Sara, su mujer, le daría un hijo (Gn 18, 1-5). Cuando la viuda de Sarepta ofreció alimento y refección a Elías, éste se le reveló como hombre de Dios, ofreciéndole en abundancia harina y aceite y le resucitó al hijo (1 R 17, 9-24). Cuando los dos caminantes de Emaús invitaron al extraño que se les había unido por el camino a pasar la noche, éste, partiendo el pan, se hizo reconocer como Señor y Salvador (Lc 24, 13-35)”.3 La hospitalidad en estos relatos aparece a la vez como una obligación y una oportunidad. Quizás sea una obligación justamente porque es una oportunidad. Abrir mis puertas al otro, darle espacio, es el gesto imprescindible para poder recibir del otro lo que necesito para vivir en plenitud y … viceversa. La vida necesita para su propia salud ser hospitalaria. 2 Cfr. George Steiner, Presencias reales, Barcelona, Destino, 1991, p, 190. La negrita es nuestra. Por ejemplo entre nosotros es muy significativa la leyenda misionera-guaraní , de la Caá-Yarîi, sobre el origen de la yerba mate, un regalo de los dioses como homenaje a la hospitalidad del hombre y a su vez un incentivo a la hospitalidad. http://www.redargentina.com/Faunayflora/plantas/yerbamate/origen.asp 3 H. Nowen, Abriéndonos, Buenos Aires, Guadalupe, 1994, p. 61. La negrita es nuestra. Pensamos que el imperativo de hospitalidad presente en las distintas culturas se relaciona no sólo con la llamada a la apertura del hombre a lo divino o a lo Trascendente (como aparece en los textos citados) sino también con la necesidad de apertura del sujeto a los demás seres que gozan de una «trascendencia relativa» propia de toda alteridad. Toda forma de vida necesita abrirse a su medio para recibir de él lo que le hace falta para vivir. La semilla necesita entrar en comunión con el agua, la tierra, el calor, para vivir su propia vida. Los seres se distinguen según el modo de su indigencia y sus necesidades y les hace falta recibir de los demás los dones para superarlas4. Mirado de cerca el dinamismo de la vida podría describirse como un intercambio de dones y necesidades. Las funciones vitales son intencionales. Necesitan salir de sí, entrar en comunión con lo otro en tanto que otro, para poder desplegar su naturaleza. La vista necesita de los colores, el oído de los sonidos, la inteligencia del sentido, el niño de la ternura de la madre, el hambre del alimento. Sin hospitalidad, sin capacidad de recepción de lo otro y donación de sí, no hay Cuando la vida se cierra sobre sí y transgrede el mandato de la hospitalidad, de la capacidad de acogimiento de los otros se debilita y muere. Tal es, creemos, la verdad La vida de los seres se despliega siguiendo el ritmo de un movimiento entre dos polos que se implican mutuamente y que podríamos denominar: «identidad» y «pertenencia». Un ser pude ser «sí mismo» y vivir lo propio, mediante la pertenencia a una comunidad de seres. Lo que soy se halla íntimamente ligado a todo lo que he recibido y lo que soy alcanza su expansión propia ocupando un lugar en la comunidad a la que pertenezco. Se da un enriquecimiento mutuo en esta ida y vuelta de la vida, realizable desde la hospitalidad. Los dos polos son importantes, no puede haber identidad sin pertenencia, ni pertenencia sin identidad. Si hago hincapié sólo en la identidad me deslizo hacia el individualismo, si hago hincapié sólo en la pertenencia me disuelvo en la masa “social”. El imperativo de la hospitalidad presente en innumerables culturas responde a las necesidades del desarrollo sano de la vida. Pero, y aquí radica la dificultad, supone algo previo: la capacidad de reconocimiento de la importancia de los otros en la propia vida… y 4 Cfr., Edith Stein Ser finito y ser eterno, Méjico, FCE, 1996, p.333 y ss Filemón y Baucis en Fausto
En la segunda parte de Fausto de Goethe, aparece también una historia vinculada a Filemón y Baucis. Fausto lleva adelante un proyecto titánico de ingeniería en el que gana tierras al mar apoyado por el Emperador y su inseparable aliado de aventuras, Mefistófeles. En la zona sobre la que quiere avanzar con su plan se encuentran Filemón y Baucis viviendo en su pequeña choza y hospedando también ahora, a un viajero. Filemón: “Audaces servidores de hábitos maestros abrieron fosos, levantaron diques, redujeron los derechos del mar para ser señores allí donde antes él dominaba.”5 Fausto no ha podido convencer de buenas maneras a Filemón y Baucis para que le cedan sus tierras. Su ansia de control es perturbada. Oye las campanas del templo que hace sonar en su capilla Filemón para alabar a su Dios, y ese sonido le estremece el alma: “¡Maldito campaneo! Como tiro disparado por mano aleve, hiéreme de un modo harto ignomioso.” (…) “Los viejos de allí arriba deberían marcharse; yo desearía para mi residencia el paraje donde hay tilos. Aquellos pocos árboles que no son míos me desbaratan la posesión del mundo. Allí, para explayar la vista a lo lejos en todo el contorno, quisiera construir tablados de una rama a otra; quisiera abrir a la mirada un vasto campo para ver todo cuanto hice, y abarcar con una sola ojeada la obra maestra del ingenio humano, que se ha manifestado en la sensata idea de ganar a las aguas una vasta extensión de tierra destinada a la habitación de las gentes. Así es que del modo más cruel nos atormenta sentir en el seno de la opulencia la falta de una cosa. El sonido de la esquila, el perfume de los tilos, me envuelven como en la iglesia y en la tumba. El arbitrio del hombre todopoderoso se estrella aquí contra esa arena. ¿Cómo alejar eso de mi pensamiento? Suena la campanita y entro yo en furor.”6 Basta que Mefistófeles le recuerde que “quien tiene la fuerza tiene también el derecho”7y como quien no quiere la cosa mediante órdenes ambiguas Fausto avanza sin piedad sobre la zona. Se produce un incendio en el que mueren Filemón, Baucis y su hospedado. 5 Goethe, Fausto, Buenos Aires, Sudamericana, 1999, p. 376 6 Goethe, Fausto, p. 378; 380 7 Goethe, Fausto, p. 379 El mandato de la hospitalidad es arrasado. ¿Por qué respetarlo? Quien tiene la fuerza tiene también el derecho. Puede adivinarse también otra pulseada entre el hombre y los dioses simbolizada en un frente anterior: ¿quién tiene el dominio sobre el mar? Fausto es un personaje moderno-iluminista por excelencia. Lo mueve el primado de la acción y el dominio. Busca imponer su sello sobre la historia. Aunque persigue el bien de la «humanidad» descuida los derechos del hombre concreto de carne y hueso. Sacrifica el presente irguiéndose en Moloc del futuro. El soplo de la inquietud lo enceguece – literalmente- antes de morir. Pero a diferencia de otros relatos de Fausto el personaje es redimido en la obra de Goethe, simbolizando el espíritu dialéctico de esta tragedia. En los últimos siglos de la cultura puede reconocerse en las múltiples formas con que ha aparecido el «pensamiento único», como se lo ha dado en llamar en estas jornadas, el desprecio por la trascendencia relativa que arrasa con la vida individual: Adorno: “Cuando en el campo de concentración los sádicos anunciaban a sus víctimas «mañana te serpentearás como humo de esa chimenea al cielo» eran exponentes de la indiferencia por la vida individual a la que tiende la historia. En efecto el individuo era ya en su libertad formal tan disponible y sustituible como lo fue luego bajo las patadas de sus El a priori de la ética.
En la época histórica en que habitamos cuando llega a nuestros oídos el “No matarás” que precede a estas jornadas sobre ética, recordamos antes que la advertencia del decálogo el imperativo de Levinas. Este imperativo adquiere especial vigencia para nosotros. Venimos de varios siglos del primado de la abstracción sobre el ser concreto. Levinas nos pone un límite que dentro de su filosofía obedece al reconocimiento del valor en sí del otro que aparece reflejado en su rostro. Imperativo que me hace retroceder frente a él, me pide espacio y luego me pide ayuda. Me incita a tomar su vida bajo mi responsabilidad. 8 T.W. Adorno, Dialéctica Negativa, Madrid, Taurus, 1986, p. 362. “La abstracción, instrumento del iluminismo, se conduce con sus objetos igual que el destino, cuyo concepto elimina: como liquidación. Bajo el dominio nivelador de lo abstracto, que vuelve todo repetible en la naturaleza, y de la industria, para la cual lo anterior prepara, los liberados mismos terminan por convertirse en esa “tropa” en la cual Hegel señaló los resultados del iluminismo.” La dialéctica del Iluminismo, Bs. As., Sudamericana, 1987, p. 27 Creemos que la dinámica del «no mataras» supone una disposición previa, la de la La hospitalidad, el prestar atención al otro en tanto que otro es condición de posibilidad de la epifanía del valor del rostro. Pues la atención hospitalaria hace posible lo que Spaemann denomina la experiencia “Cuando Kant denomina al hombre fin en sí, o cuando en la tradición metafísica se considera a Dios como fin último, el fin no significa algo que haya que realizar, sino aquello que en toda realización se supone de antemano como fundamento suyo. La manifestación del fundamento es lo que aquí denominamos despertar a la realidad, o también «proceso por el que lo real deviene real para mí».” 9 El «deber ser» como reverencia del sujeto a lo real es consecuencia de una experiencia previa, la del valor en sí de los otros. Y eso es justamente lo que los otros La hospitalidad es una actitud a priori de la percepción de un sujeto que «sabe» que el otro es importante. Y permite una experiencia que es el punto de partida de la ética, la experiencia del valor de la vida en común que es su fundamento. 9 Felicidad y Benevolencia, Madrid, Rialp, 1991, p. 148

Source: http://fyl.usal.edu.ar/archivos/fyl/otros/mosto.pdf

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