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Tras la autoestima. variaciones sobre el yo expresivo en la modernidad tardía. (reis nº117. crÍtica de libros)

CRÍTICA DE LIBROS
ses (Delumeau: 19). La formulación del primer mond Jabes, «podría no ser más que la igno- rancia de un pasado por descubrir. Esta igno- rancia es el verdadero saber que, entre las es- «Plantó luego Yahvé Dios un jardín en trellas, surca en la noche sus caminos reales.
Edén, al oriente, y allí puso al hombre a quien hiciera. Hizo Yahvé Dios brotar en él de la tierra toda clase de árboles her- El difícil futuro de la UE o de cualquier comuni- mosos a la vista y sabrosos al paladar, y dad política quizá sea una cuestión de imagi- en medio del jardín el árbol de la vida y nación política, es decir, de inventar «nuevos el árbol de la ciencia del bien y del mal.
paraísos» acaso distintos al del «jardín de la Salía de Edén un río que regaba el jar- competencia global». Si fuera así, el enfoque de la gobernamentalidad, aquí presentado a y le puso en el jardín de Edén para que través de algunos estudios concretos, consti- lo cultivase y lo guardase» (Génesis 2: tuiría una herramienta muy valiosa para seguir analizando y cuestionando la influencia de los futuros soñados sobre la configuración de la Y ésta es la versión del último «paraíso» hacia realidad social y, sobre todo, para evitar que el que supuestamente habremos de llegar al- gún día para morir extasiados de felicidad: «Europa perseguirá el objetivo estratégi- Francisco Vázquez García
Resulta evidente que no tiene sentido y, ade- más, es estéril y quizá no muy pertinente ni afortunado ni metodológicamente correcto es- (San Sebastián, Tercera Prensa-Hirugarren Prentsa, 2005) tablecer comparaciones históricas. Sin embar- go, resulta imposible evitar la sensación de que algo se ha perdido por el camino de los paraí- La autoestima es hoy la consigna y, como tal, el sos imaginados, sin que uno sea capaz de de- requisito indispensable para ser feliz. Sin embar- terminar ese algo y sin que, ni siquiera, pueda go, la felicidad deviene en horizonte difuminado asegurar que realmente se haya perdido. El fu- e irreal y, así, el individuo se afana por cumplir turo, dice de una manera un tanto críptica Ed- antes tal requisito —quererse, explicarse, com- CRÍTICA DE LIBROS
prenderse— convirtiéndolo en la meta que al- mendable para el sociólogo interesado en lo canzar o, acaso, en el único bien que se persi- que atañe al Yo y que a la vez desee integrar gue por sí mismo. Poco importa qué sea en rigor visiones teóricas de procedencia diversa más la autoestima: lo mismo da para un roto que o menos alejadas de la propia sociología.
para un descosido, todo lo abarca y a ella se re- Siendo así y una vez expuesto el planteamien- curre de continuo para dar con la causa última to general de la obra, se hace necesario entrar del comportamiento, los motivos, el carácter o la en su contenido con un mínimo de detalle.
coyuntura personal. He aquí el Yo actual; atribu- lado, desconcertado, iluminado de tanto en tan- Ésta se inicia con un conjunto de precisiones to y sin renunciar nunca a ocuparse de sí.
terminológicas que, a la par, también constitu- yen un aviso al lector sobre el carácter pluridi- De todo ello nos habla Francisco Vázquez, mensional y, por qué no, esquivo del objeto que aunque no para ofrecer un nuevo diagnóstico va a tratarse. Individualismo, hedonismo y nar- en torno a la cuestión de la identidad indivi- cisismo son términos que para referirse al Yo dual. Más bien se trata de ver qué han hecho contemporáneo plantean, fundamentalmente, otros; de examinar qué conceptos se han em- dos tipos de problemas. Por un lado, acusan pleado en el estudio del individualismo contem- una carencia de concreción fruto de su uso poráneo para, a partir de aquí, proceder a una masivo con significados diversos y hasta con- evaluación crítica y comparada de dichos con- tradictorios y, por otro, portan una considerable ceptos. Para ello se recurre a la aportación de carga connotativa. Por ello, F. Vázquez prefiere diversos autores que vienen a representar cua- hablar de subjetividad expresiva —empleando tro posibles enfoques a la hora de abordar la aquí de forma expresa la denominación acuña- cuestión: la crítica cultural del narcisismo da por C. Taylor— como término sobre el que (R. Sennett, C. Lasch y G. Lipovetsky), la pers- no pesan con tanta claridad aquellos lastres.
pectiva filosófica (C. Taylor y P. Ricoeur), la so- Esta subjetividad expresiva se caracterizaría ciológica (A. Giddens, U. Beck y P. Bourdieu) y por: a) la imposibilidad de recurrir a pautas de la óptica genealógica (M. Foucault, N. Rose y acción y pensamiento predeterminadas que M. Dean). Así pues, el cometido del libro pasa permitan lidiar con la inseguridad e incertidum- por la revisión de cuantas herramientas con- bre del mundo; b) la libertad entendida como ceptuales se deriven de estas aportaciones y fórmula que combina cultivo de la interioridad, que a la vez se presuman útiles para el análisis autenticidad sentimental, espontaneidad emo- cional, expresión continua de la personalidad y proyección de ésta hacia el exterior; y c) el re- Es éste un texto surgido de la necesidad de curso imprescindible al saber experto desple- amparar teóricamente una serie de investiga- gado a través de una ingente sucesión de tera- ciones concretas realizadas por el propio autor peutas, psicólogos, mediadores, consejeros y en torno a la formación del sujeto en las esfe- asesores de toda clase. No deja de ser, pues, ras sexual, laboral y familiar. A raíz de ello, una manera de zafarse de los problemas a los contamos con un útil y didáctico trabajo reco- que anteriormente se aludía, que no son, des- CRÍTICA DE LIBROS
de luego, menores: la indefinición y la connota- ción no casan bien con cualquier intento de cuestión de la subjetividad expresiva como por análisis crítico de conceptos como el que pre- lo que pueda inferirse de sus planteamientos.
Taylor, a vueltas con el malestar ético contem- poráneo —relacionado a su vez con la desapa- Fijadas las posiciones en la utilización de los tér- rición de marcos tradicionales de referencia—, minos, se accede a la evaluación del primero de rastrea las fuentes del actual Yo. Éste se cons- los enfoques, aquel que se centra en la crítica truye como un híbrido del yo de la razón desvin- cultural del narcisismo. Tras las pasiones políti- culada, ligado al cálculo estratégico y a la lógica cas que agitan los años sesenta, desde la se- científica; el yo expresivo, con su habitual énfa- gunda mitad de los setenta se produce un re- sis en la irreductible singularidad de cada cual, pliegue sobre lo privado gestándose un indivi- y el yo epifánico, como liberación de fuerzas in- dualismo inédito; un individualismo centrado en conscientes. No obstante, la reconstrucción de la autorrealización. Fijando la mirada en la cultu- esa subjetividad expresiva que tomase como ra urbana, Sennet, Lasch y Lipovetsky darán referencia a Taylor se enfrentaría al problema cuenta del nuevo individuo narcisista advirtiendo de saber si son ésos los tres únicos yoes aptos sus síntomas: el alejamiento en relación a las para tal reconstrucción. Otras voces han adver- cuestiones públicas, la psicologización de las re- tido que Taylor ignora en su rastreo aquel yo laciones sociales, el descrédito de la autoridad, asimilado al individuo como actor que represen- el declinar de la jerarquía, el agotamiento de la ta papeles variados en función de guiones y disciplina y el encumbramiento de la psicotera- escenarios. Lo cierto es que la tradición del pia. En la explicación de los síntomas es donde Theatrum Mundi es, en alguna medida, confi- aparecen las diferencias entre los tres autores, guradora del yo actual, atento al desvelo de la perfectamente destacadas por F. Vázquez, quien interioridad y a su recubrimiento y protección termina advirtiendo sus principales deficiencias.
allá donde la sociabilidad se torna tensa y con- En muchas ocasiones, la crítica del individualis- flictiva. El yo es también un actor cuando el otro mo como cultura o bien aparece empañada de es fuente de inquietud; el yo es también una cierto catastrofismo o bien escora hacia un sos- suerte de artificio: del mismo modo que son im- pechoso voluntarismo con sus llamadas a la re- prescindibles la espontaneidad y la autentici- cuperación de valores como la responsabilidad, dad, también lo son el disimulo y la discreción la solidaridad o algún tipo, más bien desdibuja- cuando sobre la base de las emociones el indi- do, de comunidad. En todo caso, los escritos de viduo teme ser dañado. En este punto, no care- Sennett, Lasch y Lipovetsky son moneda de uso cería de interés indagar aquello que de másca- corriente en el análisis sociológico de la identi- ra posee esta subjetividad expresiva, aunque dad y quizá sea ése el motivo que justifique la es obvio que desde las posiciones de Taylor no brevedad del capítulo que se les dedica.
puede emprenderse semejante indagación.
Tras éste aparece P. Ricoeur, cuya aproxima- A continuación siguen dos contribuciones de ción a la dialéctica entre el idem y el ipse pro- peso: C. Taylor y P. Ricoeur, no tanto porque porciona la posibilidad de efectuar una crítica CRÍTICA DE LIBROS
normativa al individuo «expresivo». Tal indivi- la modernidad en el terreno de la identidad indi- duo, atrapado en esa reformulación perpetua vidual. Beck, por su parte, tampoco verá en la de la identidad, acaba por concebirse a sí mis- sociedad contemporánea un páramo de senti- mo como una mera sucesión de atributos. Mas, do. Antes bien, la inestabilidad y el cambio según Ricoeur, el «sí mismo» no lo conforman como elementos propios de la dinámica social esos atributos, sino la acción; el reconocimiento permiten que sea desplegado un abanico de de que cuanto se hace es siempre imputable a opciones en términos identitarios. De esta gui- ese ipse que se hace cargo de su actuación: es, sa, la combinación fragmentaria de esas opcio- como vívidamente señala F. Vázquez, el «heme nes marcaría una multiplicidad de rumbos posi- aquí» como respuesta frente a la interpelación bles para el individuo: los recursos que brinda la modernidad permitirían a éste apropiarse de su vida. No obstante, Beck se muestra menos con- Ni Taylor ni Ricoeur son sociólogos. De ahí que descendiente que Giddens cuando señala que sea necesario seguir avanzando para conocer parte de aquellos recursos —las infinitas va- cuáles son las condiciones sociohistóricas que riantes de la psicoterapia, por ejemplo— velan enmarcan el modelo de la subjetividad expresi- el origen social de las crisis de identidad, des- va. Aquí las respuestas quedan en manos de activan la acción política y torpedean la emer- A. Giddens y U. Beck, mientras que P. Bourdieu gencia de nuevas solidaridades colectivas. En es empleado por el autor de forma secundaria, este instante, F. Vázquez introduce a Bourdieu a si se quiere, a efectos de puntualización, tal modo de apostilla correctora. A partir de Gid- como se verá más adelante. Tanto Giddens dens y Beck cabría preguntarse si esos re- cursos que ofrece la modernidad para la confi- teorizaciones generales acerca de la sociedad guración de la identidad son universalmente ac- actual, ya sea bajo la nomenclatura de la mo- cesibles. De mano del sociólogo francés, la res- dernidad tardía, ya sea bajo la etiqueta del ries- puesta nunca podría ser un «sí» o un «no» ro- go. Ambos tratan expresamente y en textos tundos. Éste mostró que las aspiraciones concretos la cuestión de la identidad en rela- «individualizadoras» resultaban variables con ción con sus propias teorías. En este punto, el arreglo a factores de clase. La subjetividad ex- análisis que realiza F. Vázquez resulta notable- presiva está ligada a transformaciones sociales mente pedagógico. Giddens, enfatizando el ca- concretas y, lo que más interesa en este punto, rácter ambivalente de la modernidad, nos pre- a la nueva pequeña burguesía, entre cuyo habi- senta un individuo que ha ganado en libertad y tus figuran el hedonismo, la desconfianza ante autonomía y que, inserto en un contexto de re- las jerarquías, la favorable predisposición a la flexividad crítica institucionalizada, se afana en expresividad emocional o la inclinación al con- la construcción de su biografía. Lejos queda sumo de productos relacionados con la salud aquí la pura contemplación egocéntrica contra mental y corporal. La inclusión de Bourdieu re- la que cargaban Sennett, Lasch y, en menor sulta pertinente para atenuar la euforia o el pe- medida, Lipovetsky. El sociólogo inglés se simismo del diagnóstico acerca de la identidad muestra confiado en las posibilidades que abre introduciendo el factor clase.
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Una vez han desfilado los sociólogos, es el tur- pueda brotar esa teoría» (p. 235). A la espera no de la óptica genealógica, inspirada en apor- de esa teoría, entretanto ha de librarse otra taciones tardías de M. Foucault sobre los con- «batalla», aquella que enfrenta a unas ciencias ceptos de gobierno y gubernamentalidad. Este sociales críticas frente a una cultura terapéuti- par de nociones se han convertido en eje cen- ca que, conformadora en gran medida de esa tral de análisis para un conjunto de investiga- subjetividad expresiva, no reconoce más len- dores, no institucionalizados académicamente, guaje que el psicológico en su formulación de a los que se conoce de forma generalista como la identidad. El riesgo del acriticismo es que anglofoucaultianos. He aquí la más valiosa acabe por fiarse todo a la autoestima y que, aportación del autor: presentar de forma siste- tras ella, se acuda a cualquier tipo de saber mática y amplia las líneas maestras que articu- que, convenientemente desvirtuado y trivializa- lan el estudio del gobierno y la gubernamenta- do, se presente a disposición del individuo en lidad tal y como viene siendo realizado por los el mercado. No es de extrañar que ya exista herederos intelectuales de Foucault. Dicha pre- autoayuda filosófica —Más Platón y menos sentación cobra más relevancia si se tiene en Prozac, de Lou Marinoof, es el arquetipo— al cuenta que en España los anglofoucaultianos cabo, la última tecnología del yo que se ha re- son relativamente desconocidos. Aquí, el go- velado exitosa. Y si la filosofía ya ha sido alcan- bierno no es dominación, sino conducción de zada, ¿por qué no habría de sucederle algo si- con la energía y libertad del gobernado, y la gubernamentalidad se identifica con la manera de entender el gobierno, quién tiene que go- bernar, quién debe ser gobernado; la racionali- dad política, al fin y al cabo. A partir de ello, los frentes que se abren son diversos, pero intere- sa ante todo lo tocante al individuo, ese homo prudens que acude al mercado para hacerse con aquello que garantiza su seguridad física y Fernando Giobellina Brumana
psíquica y que, al igual que contrata servicios de vigilancia privada, lee libros de autoayuda.
En definitiva, mucho por explorar si se opta por la óptica genealógica de raigambre foucaultiana.
(Madrid, Consejo Superior de Investigaciones Llegados a este punto, las herramientas con- mesa. Pese a todo, «no parece haber llegado la hora de elaborar una teoría del yo expresivo No es raro que la historia de la antropología en el momento presente, pero al menos se ha caricaturice a sus ancestros encadenando la acotado el campo de batalla del que tal vez fortuna de obras de valía a la inteligencia diver-

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